TU ROPA DE ALGODÓN

17/06/2017

Cuando los padres son ancianos

Filed under: Artículos Variados,COTTON SHOPS Padres — Etiquetas: , , — cele @ 11:00 AM

Hace muchos años fue famosa la película “El dormilón”, de Woody Allen, quien también la protagonizaba. En ella, el personaje de Woody, que vivía en la década de los setenta, se despertaba sesenta años después para encontrarse en un mundo completamente extraño en el que el gobierno, los vehículos, la manera de saludarse y hasta la manera de amar habían cambiado radicalmente. Por supuesto, se trataba de una comedia, en la que el personaje tenía mil aventuras y resultaba también hilarante la manera en que la historia era registrada por aquella nueva cultura. Sin embargo, ese sentimiento de extrañeza, de no tener ya un lugar en el mundo es una vivencia cotidiana de los ancianos. La cultura occidental, a diferencia de muchas otras, es una cultura que adora la juventud, en la que se es viejo para obtener un trabajo justamente a los cuarenta años, en la plenitud de la vida y con una experiencia que podría facilitar el trabajo de los más jóvenes. La moda, la tecnología, las diversiones, la publicidad están pensados para los jóvenes. Los mayores no son tomados en cuenta a menos que hagan grandes esfuerzos por adaptarse y parecer menores. Nunca como ahora hay tanta preocupación por la apariencia física, al punto de que las cirugías estéticas están a la orden del día. Pensemos entonces en la gente que tiene más de setenta años, no cuarenta o cincuenta, cuyo número va aumentando en vista del aumento de la expectativa de vida gracias a los avances de la medicina. Cada vez más son más los ancianos solos, que pasan de ser alfabetizados a sentirse analfabetos frente a la revolución informática, que sienten que no están a gusto con la música que se escucha, con las costumbres cada vez más liberales, con el cambio en los modales de sus nietos. Cuando ellos nacieron, ni siquiera existía la televisión, los ancianos eran respetados como modelos de sabiduría y figuras de autoridad, las familias comenzaban a ser nucleares, pero los vínculos de la familia extendida eran importantes. Había nexos de cariño entre primos, abuelos, tíos abuelos y otros familiares menos cercanos. Este próximo Día del Padre es una oportunidad para honrar a los padres ancianos, para ponernos en su lugar y, aunque no sea nuestra costumbre, escucharlos. Tienen mucho qué decir, pero callan porque suponen que no hay interés en sus cosas. En su larga vida han visto muchas cosas, han conocido el país desde otras perspectivas, han imaginado un futuro distinto al presente que están viviendo. Por otra parte, también quieren ser admitidos en este mundo de jóvenes, quieren que les expliquen cómo usar nuevas tecnologías y están dispuestos a aprender muchos de ellos, porque tienen el tiempo y las ganas. Otros, menos interesados en aprender, quieren disfrutar de las maravillas del skype, de la posibilidad de armar álbumes de fotografías en formato electrónico, de aprender a escuchar su música preferida en un ipod, acompañados de sus hijos y nietos que saben usarlos. Quizás tenemos que aminorar la velocidad con que vivimos, pues el paso de ellos es más lento, pero puede ser mutuamente enriquecedora la experiencia de compartir con nuestros padres o abuelos lo que sabemos y lo que ellos saben. No hay que olvidar que todos envejecemos cada día un poco más.
L.M.R.

07/06/2012

Los nuevos padres

Filed under: Artículos Variados,COTTON SHOPS Padres — Etiquetas: , , — cele @ 8:57 AM

Una de las grandes ganancias de nuestra época ha sido la nueva concepción de la familia de las más recientes generaciones. En los tiempos de nuestros padres, y más todavía en el de nuestros abuelos, la figura del padre estaba limitada al rol de sostén de la familia y al rol de la disciplina. Cuando las madres amenazaban a los hijos con decirle a su papá cualquier falta, el padre se convertía en una especie de juez muchas veces temible. Los papás quedaban privados, por la costumbre y la tradición, del placer de participar cercanamente en la vida de sus hijos. Todo comenzaba con el parto, del cual el padre de la criatura era excluido. Ni siquiera era necesario obligarlo a estar ausente. Él mismo asumía que el parto era cosa de mujeres, cuando ocurría en casa con los auxilios de una comadrona, o un acto médico en el que no era posible estar. Ni qué decir acerca de arrullar a su bebé, cambiar los pañales o presenciar los primeros pasos y las primeras palabras. Papá era, durante el reinado del patriarcado, una figura lejana para los hijos, quienes muchas veces aprendían a conocerlo como ser humano, más allá de los roles, ya en la vida adulta. Los jóvenes de hoy, cuando esperan nueva familia, declaran que están embarazados. Las parejas viven juntas todo ese proceso maravilloso y difícil de ser padres. Van acompañando a los hijos en todos sus procesos y se abren a la comprensión de lo que es ser niño y ser adolescente. Pueden conversar con sus hijos con una franqueza inusitada para las generaciones anteriores. Los nuevos padres juegan con sus hijos; no sienten pena de embarrarse con ellos en un paseo o de ser ellos quienes van a la consulta del pediatra con un bebé, o quienes van con sus niños a comprar los uniformes escolares, o los llevan al colegio. Evidentemente, no todos los hogares responden a este nuevo modelo en el que madres y padres comparten todos los roles: el de sostenes de familia, el de la disciplina, el de progenitores amorosos, el de procurar alimento, educación, salud. Sin embargo, cada vez parece que esta es la opción que escogen más parejas. De continuar esta tendencia, tendremos cada vez más una sociedad más equilibrada y más feliz. Habrá menos resentimientos entre padres e hijos y padres menos estresados, porque entre dos se alivian las cargas y se compenetra la pareja misma. Definitivamente, es mucho mejor que estar embarazada, estar embarazados.

L.M.R.

Powered by WordPress